Decirte estas últimas palabras.
En estos últimos años he sido testigo de las obras del amor y de la misericordia de nuestro Dios. Si es tan grande en sus obras, ¿cómo será Él mismo? Si los rayos de su misericordia son tan luminosos, ¿cómo será Él, el sol de justicia? Si en la fe se perciben sus rasgos, ¿cómo será en la visión que no engaña? Por eso, en avión o a lomos de un burro, canto siempre: ¡Qué alegría cuando me dijeron: vayamos hacia la Casa del Señor. Ya mis pies se posan en tu umbral, Jerusalén. Mi Señor y mi Dios, quiero decirte a ti estas últimas palabras:
padre Émilien Tardif
Vayamos hacia la Casa del Señor
Dios mío, me sondeas y me conoces; sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; traspasas mis pensamientos; sabes si parto de viaje o me acuesto; todos mis caminos te son familiares. La palabra aún no está en mi boca cuando ya tú, Dios mío, la conoces. Estás detrás de mí y delante de mí y has puesto tu mano sobre mí. ¿Adónde iré lejos de tu espíritu? ¿Dónde podré huir de tu rostro? Que me eleve a los cielos, ahí estás. Que me acueste en el Seol, he aquí que estás. Si tomo las alas de la aurora, si me voy a los confines del mar, también allí tu Mano me conduce, tu diestra me ase. Aunque yo dijera «Que tus tinieblas me recubran y que la noche sea la luz en torno a mí.» Las tinieblas mismas no son tinieblas para ti, y la noche es luminosa como el día.
Porque eres tú quien formó mis riñones, tú quien me tejió en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas: eres un prodigio, prodigiosas son tus obras. Conocías mi alma en su justo valor, ninguno de mis huesos te era desconocido, cuando era modelado en el secreto, tejido en las profundidades de la tierra. Todas mis acciones, tus ojos las veían; todas estaban en tu libro. Mis días estaban allí inscritos, señalados antes incluso de existir. ¡Qué insondables son, oh Dios, tus pensamientos, qué innumerables! Más numerosos que los granos de arena, y aunque termino de contarlos, ¡me queda todavía Tú!
Texto tomado del libro: Jesús hizo de mí un testigo. Páginas 174-175. Padre Émilien Tardif y José H. Prado Flores. Ediciones Inter Enr. 1984