Un error gratificante

Gérard Duquet había ido a la iglesia para pedir al Señor que abreviara sus sufrimientos, y salió sanado. Sucedió el 5 de julio de 1993, en la iglesia de Saint-Zacharie.

Es la historia, por lo menos asombrosa, que nos contó el principal interesado. Ex-alcalde de Saint-Côme, el señor Duquet quiso contarnos su experiencia poco común.

Había tenido un accidente a la edad de 22 años, que le había dejado un problema en la columna vertebral. «Dolía, pero era soportable», explica. Pero fue a comienzos de los años 90 cuando se puso mal. La artrosis le hacía sufrir cada vez más, y la situación empeoraba sin cesar. Después de 18 meses de ese régimen, sufría y tenía dificultad para moverse, a pesar de las 16 píldoras de cortisona que tomaba diariamente.

Su médico de familia había referido su caso al CHUL, pero sin éxito. «Me dijeron: "No podemos hacer nada por ti. Si tienes gustos que darte, es el momento", afirma el señor Duquet. Cuando preguntó si se trataba de un cáncer, le respondieron "Todavía no". Prometió a la Virgen, a quien profesaba una devoción de larga data, erigirle una estatua si sanaba.

Varios meses más tarde, el 4 de julio de 1993, el señor Duquet se dirige, a pesar de su mal, al servicio de aniversario de su hermano, en Saint-Zacharie. Allí se entera de que la misa del día siguiente será celebrada por el abate Émile Tardif, aquel mismo que había celebrado el matrimonio del señor Duquet. Decide regresar al día siguiente. «¡Ya no podía más! Quería pedirle que orara para que cesaran mis sufrimientos», afirma el hombre, que deseaba morir esa misma noche.

Cuál no fue su sorpresa al comprobar que no se trataba del abate Émile Tardif (fallecido hacía varios años), sino de Émilien Tardif, un sacerdote que trabaja en los medios carismáticos. Poco entusiasta con esa idea, decide sin embargo quedarse, diciéndose: «Es católico, no tiene nada de raro».

Cuando el padre Tardif comenzó a hablar «en lenguas» y a anunciar signos de sanaciones, el señor Duquet quedó muy sorprendido de entender algo. «Decía todo lo que había en mi expediente del CHUL», afirma el beauceronés. Dirigiéndose a los 400 fieles presentes, el sacerdote pidió después que se manifestara «la persona que sufre un cáncer de artrosis» si se sentía aliviada. Un poco más tarde fue más preciso, diciendo que una persona presente sufría de una desviación de la columna y que estaba sanada en ese instante.

El señor Duquet sintió entonces un calor en la espalda, pero en ese momento creyó que moría, como lo había pedido. A petición del sacerdote, salió de su banco y se dobló para tocar el suelo con las manos. Un gesto que no había podido realizar desde la edad de 22 años. «Ya no sabía si me estaba volviendo loco o qué sucedía», recuerda el señor Duquet, que afirma que desde ese momento ya no ha sentido dolor, ¡y eso sin tomar medicamentos!

Fue en los meses siguientes cuando erigió delante de su casa (motel La Truite) una estatua de la Virgen y una gruta. «Antes ya no podía moverme y ahora trabajaba con piedras de 200 libras». Su vecino Henri Brochu también notó un cambio radical en su comportamiento. «Es el día y la noche; antes tenía dificultad para caminar», nos afirmó.

En el CHUL, donde no contó nada de su experiencia, el señor Duquet causó cierta conmoción cuando regresó para hacerse examinar. «O sucedió algo, o simplemente se han mezclado los expedientes, porque el hombre que tenemos delante y el expediente no corresponden», le habrían declarado.

«Para comprender lo que me sucedió», comenzó a participar en las actividades de los carismáticos, donde a veces da testimonios. «Cuento lo que sucedió, digo la verdad», sostiene el hombre, que al principio dudaba en hablar públicamente, por miedo a que todo eso fuera solo un espejismo.

¡María, gracias por este error gratificante!

Artículo de Jacques Légaré, periodista.